CÓRDOBA (Corresponsalía) “El que fue papa, no puede volver a ser obispo”. La frase se la atribuyen históricos peronistas cordobeses al jefe de la entonces Unión por Córdoba, Juan Schiaretti, cuando se resolvía el sistema de postas con su socio, José Manuel de la Sota. En 2011, el fundador del cordobesismo competía por su tercer mandato no consecutivo y buena porción de la dirigencia presionaba para colocar un nombre fuerte en la Capital, siempre esquiva a las propuestas del justicialismo. Nadie ignora que el mandatario provincial no depuso su ambición de generar una alternativa republicana, no kirchnerista, para el plano nacional. Y fue precisamente la senadora Alejandra Vigo la responsable de cortar en seco la opción “Schiaretti, intendente” en la última reunión que encabezó con sus alfiles, el lunes pasado.

La versión que circuló con fuerza la semana pasada en los rediles de la política se le atribuyó al llaryorismo, aunque desde el entorno del gobernador insisten en resguardar el origen para evitar alborotos innecesarios. Son tiempos de renovación.

En la base operativa del PJ Capital, donde funciona el Instituto para el Desarrollo de Políticas Estratégicas “Diseñando Ciudad”, la primera dama lanzó: “Schiaretti está más para presidente”, sin ocultar el malestar que generó una doble candidatura –presidente e intendente- que no hace más que visibilizar la real preocupación de Schiaretti por lograr traspasar el mando a su elegido, Martín Llaryora, y no perder una conquista histórica: el gobierno de la ciudad.

Con su estilo directo, Vigo llevó tranquilidad a la dirigencia que se ilusiona con exportar al resto del país el “modelo Córdoba” y ratificó el plan de Schiaretti de liderar el armado de un elenco político que supere la lógica de la grieta y tenga su ancla en la defensa de los valores republicanos y la producción.

Esta bajada de línea no puede entenderse como una pulsión ordenadora simplemente. En la mesa chica del gobernador observan un contexto favorable para la aventura nacional, muy distinta a la Alternativa Federal que lo tuvo como protagonista junto al economista Roberto Lavagna; el entonces gobernador salteño Juan Manuel Urtubey; Miguel Ángel Pichetto, a la postre compañero de fórmula de Mauricio Macri; y Sergio Massa, que se transformaría en aquel 2019 en la nueva cara moderada del cristinismo con Alberto Fernández.

Es más: varias fuentes consultadas confiaron a Letra P que la movida de Schiaretti ya trasciende la estrategia localista. El operativo clamor por una cruzada nacional del gobernador siempre fue relacionado con la necesidad de contener el síndrome del pato rengo ante un momento histórico en el PJ local: el recambio de liderazgos ante la imposibilidad de sus fundadores de reclamar el escaparate de la boleta como lo hicieron durante un cuarto de siglo.

La fractura del Frente de Todos y la ausencia de líderes claros en Juntos por el Cambio (JxC) es un terreno propicio para la siembra de Schiaretti. En El Panal miran con atención los movimientos del Presidente después del estallido consumado en la coalición de gobierno tras el debate del entendimiento con el FMI.

Si Fernández declara su independencia a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y se apoya en los gobernadores a través del tucumano Juan Manzur y de Massa, podría surgir allí un nuevo polo aliancista no cristinista. En el último tiempo, se registraron señales tendientes a sellar esta nueva criatura: el mandatario jujeño Gerardo Morales, aliado al titular de la Cámara de Diputados en su provincia, milita la formación de un reagrupamiento de centro que incluya al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a quien calcula vencerá en la interna presidencial cambiemita. Por su parte, Schiaretti correspondió con el recibimiento especial que hizo a su par del norte y lo reforzó con el café público que compartió con el neurocientífico radical Facundo Manes y el presidente del PJ provincial, Oscar González. Lo rematará con el encuentro agendado para los próximos días con otro mandatario “boina blanca”, el correntino Gustavo Valdés. Todo es posible, dicen desde el schiarettismo. Todo, menos con Cristina.

El plan Macri

Otra alternativa se escucha con fuerza en Hacemos por Córdoba (HxC). Si el divorcio entre los Fernández no se consuma, Schiaretti tiene otra vía potente para ofrecer sus servicios. En las alturas de JxC piden su incorporación a la entente y lo curioso es que esa semilla comienza a germinar en una parte de la dirigencia local, pese a que la coalición es opositora al gobierno de la provincia y desaprueba –con llamativa mansedumbre– cualquier acuerdo.

“Veo a un Schiaretti importante a nivel nacional y en JxC, que no es poca cosa. Es un dirigente que ha demostrado que es un opositor acérrimo a este gobierno actual y no tiene otra posibilidad política”, disparó este fin de semana el exjefe de campaña local de JxC y legislador provincial, Orlando Arduh.

Una convergencia en este punto significaría una ganancia doble para el peronismo cordobés. Si Macri facilitó la ruptura provincial con su prescindencia local en 2019 y Schiaretti arrasó a cambio de la continuidad del acuerdo de gobernabilidad, ¿qué habría cambiado entre los presidenciables de la coalición para romper con esos acuerdos jurisdiccionales tácitos a cambio del apoyo del principal gobernador del interior del país?

El líder del Frente Cívico, Luis Juez, sabe que será el principal damnificado con Schiaretti decidido a jugar fuerte en la escena nacional y determinado a mantener el control de la provincia y el municipio.

Mientras, el gobernador mantendrá bajo siete llaves el cronograma electoral de 2023. No dará tiempo a su oposición a ordenarse, mientras aguarda que se acomode el escenario propicio que observa para sus intereses políticos. Exhibirá plan de gobierno, como lo demostró con el proyecto que presentarán su bloque en Diputados para bajar las retenciones; diálogo con la oposición y altos números en las encuestas de una provincia clave para cualquier intentona nacional.  

Schiaretti “está para ser presidente”, dijo su esposa y espada en el Senado. Schiaretti quiere ser algo más que “papa”.

Publicado en Letra P

Redacción Electoral