Mientras el grueso de los mortales luchamos por llegar a fin de mes, el gobierno nacional parece seguir enroscado en la lucha por el poder dentro de sus propias filas. Los esfuerzos discursivos reiterados por tratar de quitarle relevancia solo aclara la oscuridad en la que se encuentra el oficialismo.


Alberto Fernández y Cristina Fernández programaron sus respectivos eventos para el mismo 6 de mayo, pero con algunas horas de diferencia. Los lugares elegidos hablan por sí mismo de lo distanciados que están el uno del otro. Él desde el sur del país, con el clima frío, pero que era caluroso si lo comparamos con el recibimiento dado (tanto es así que debieron pedir que se repitiera el aplauso final), donde anunció la entrega de 30.000 viviendas en su gestión. Ella, por el contrario, en el norte del país donde la calurosa bienvenida de su amigo “coqui” -Capitanich- la estaba esperando para entregarle el Doctorado Honoris Causa de la UNCAUS.


ESTADO, PODER Y SOCIEDAD: LA INSATISFACCIÓN DEMOCRÁTICA.


A lo largo del discurso que se llevó a cabo en el Chaco la vicepresidente habló del neoliberalismo macrista y la insatisfacción democrática que dejó; volvió a insistir sobre la reforma judicial; insinuó una reforma constitucional y al final habló de los problemas de la gente. Por momentos como si verdaderamente fuese parte de la tribuna y no de este desastroso gobierno.


En “alejada de la realidad de los argentinos” dije que nada le hizo más daño que elegir a dedo un presidente sin poder político, porque se terminó ganando un doble problema: (1) despegarse del desgobierno y (2) tratar de garantizar su impunidad. Es muy posible que ella pensara que la sequía del campo en 2018, que afectó el último año a la gestión de Mauricio Macri, iba a empezar a desaparecer y que para esta altura la economía estaría con los números del 2017. De esa forma, los medios estarían entretenidos con la épica recuperación económica y ella enfocada en su mayor preocupación. Pero la pandemia y los grandes desaciertos de este gobierno le quemaron los planes.


DEBATE DE IDEAS.


Luego de hablar sobre el Poder Judicial y Legislativo, se refirió al Ejecutivo y la disputa interna que hay entre presidente y vice. Con la inteligencia que la caracteriza, desacredita que lo que exista es una pelea o una discusión; sino que, más bien, es un “debate de ideas”.


En relación con lo anterior, Cristina se pregunta ¿Hay una disputa de poder? Para ello, define al poder como “la capacidad de tomar una decisión y que esa decisión sea acatada por el conjunto”. Acto seguido, recuerda que ella eligió al presidente porque no representaba ninguna fuerza política; es decir, lo que nos está diciendo es que no existe tal disputa, porque para ello primero debe haber poder; y eso, te lo da la fuerza política ¿Quién tomó la decisión de que Alberto Fernández sea presidente? La respuesta es la demostración de quién tiene el poder y, por consiguiente, la fuerza política. Por lo tanto, el debate de ideas, profundamente político, no es sobre las distintas formas de resolver el problema del país, si no de quién se somete a quién; es decir, si la vicepresidente se somete a quien se encarga de gestionar el país; o viceversa, si el presidente se somete a quien tiene la fuerza política.


EL FUTURO.


Volviendo al principio de esta columna, el futuro del país está en manos de una oligarquía que ya no disimula intentar resolver los problemas de la gente, pero tampoco logra resolver los propios. Los errores no forzados del gobierno hablan, de alguna forma, de la incomodidad que tienen. Pero soy partidario de no interrumpir al enemigo cuando se está equivocando.


¿Yo? Argentino.

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